La vida es graciosa, ¿sabes?
Te colocas en control automático por un tiempo prolongado.
Viviendo. Amándolo. La vida es buena. La vida está
bien. Tomándolo todo por garantizado. Entonces, cuando
menos te lo imaginas todo se desborona. Es cuando te
das cuenta que la vida es demasiado corta.
Desde un punto de vista personal,
los últimos seis meses han sido los más difíciles
que he tenido que soportar en algún tiempo. El febrero
pasado una amiga muy querida, alguien a quién aprendí
a amar tanto como a mi madre, fue diagnosticada con cáncer.
Esta no es la primera cita de Althea con el cáncer.
Ella ha estado bailando con él por 15 años.
Primero los doctores pensaban que era cáncer en los
ovarios, pero durante una cirugía los doctores descubrieron
que tenía un cáncer inoperable del colon. La
perdimos cuatro meses después.
Mi amiga Althea era una mujer
brillante. Con setenta y cinco años de juventud, estaba
llena de vida. Ella se embarcó en más aventuras
luego de la edad de setenta que las que muchas personas toman
en sus vidas, recordándome disfrutar de la vida al
máximo, sin importar lo que otro piensen. Su buena
voluntad de dar y ser voluntaria para otros era refrescante.
He sido bendecido al haber compartido los últimos ocho
años de mi vida con esta persona tan maravillosa y
cariñosa.
También he tenido
mis propios problemas de salud durante estos seis meses. A
mi sorpresa, fui diagnosticado con la enfermedad coronaria
del corazón en abril. Yo me cuido bastante. Como bien
y me ejercito regularmente. Así que mientras fue un
alivio saber la causa exacta de los problemas que estaba experimentando,
la diagnosis fue una completa sacudida.
Mi doctor me dice que tengo
suerte porque la enfermedad se diagnosticó temprano.
Muchas personas no tienen esta suerte enfermedad del
corazón la muerte silenciosa. Actualmente estoy
bajo un régimen de dos píldoras una vez al día.
Los efectos secundarios son mínimos. Sin embargo, tengo
que tomarme estas medicinas por el resto de mi vida. Me he
convencido que puedo tratar con eso, porque eso es lo que
uno hace. ¿Parece familiar?
Pero entonces, de la nada
se cae. Mientras usted lee esto, me he recuperado de cirugía.
Fui diagnosticado con cáncer en la tiroides en julio
y mi cirugía se realizó a mediados de agosto.
Una vez más el doctor me dice que soy afortunado
y que espera que tenga una recuperación completa. Afortunado
o no, estoy agradecido de tener seguro médico para
cubrir mis costos médicos. Estoy agradecido de haberme
educado en ambas enfermedades lo suficiente para hacerle preguntas
a mis proveedores de salud. Otros no son tan afortunados.
Estos últimos seis
meses me han recordado que mañana no está garantizado.
Yo siempre he sabido esto, pero por la primera vez en mi vida
he sentido que lo estoy viviendo. He combatido al VIH (hasta
ahora). Me esquivé de una cita temprana con el cáncer
del colon hace dos años atrás. Pero por el último
mes, otra cosa ha alcanzado mi conciencia. Miedo. Miedo de
lo desconocido. Estoy combatiendo una guerra constante conmigo
mismo para no paralizarme con el miedo.
He re-aprendido mucho durante
los meses pasados. He re-aprendido que no debes hacer al trabajo
tu vida, porque la vida es muy corta. He vuelto a aprender
que debo abogar por mi propio cuidado de salud, porque yo
también cuento. Más importante, mi experiencia
con Althea me ha ayudado a volver a aprender no solamente
a amar la vida, sino a apreciar esos momentos únicos
en la vidacomo observar Belmont Stakes en un sábado
lluvioso una tarde en junio o caminar en Seine River en Paris
en una bella noche de verano alumbrada por la luna en julio.
Son estos momentos y ser parte de la familia de TPAN los que
me voy a saborear porque son realmente momentos de una vez
en la vida.